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La desigual y absurda batalla entre las Ciencias y las Letras

Una de las pruebas de la falta de solidez de nuestro sistema educativo es esa fractura, tan arbitraria como injusta e innecesaria, entre los alumnos de Ciencias y los de Letras.

Arbitraria porque no está implícita en la formación integral del individuo, sino que responde a intereses políticos y a una tosca brusquedad típica del sistema patriarcal dominante, ya que asocia la precisión de los procedimientos científicos y la exactitud de sus conclusiones, a menudo suplementarias (una nueva teoría sustituye a la anterior), al imaginario asociado a la masculinidad, y vincula la flexibilidad de la hermenéutica artística (las interpretaciones de obras de arte musicales, literarias, etc), así como la complementariedad de sus teorías, a todo lo que culturalmente se ha asociado con la esfera de lo femenino.
Injusta, porque se ha utilizado para estigmatizar a aquellas personas que podrían resultar imprevisibles para el sistema, para el gobierno, para el poder. Y para ello no han dudado en jerarquizar los saberes en función de criterios tan volubles como la utilidad o la dificultad, pero falseados.
Porque la utilidad responde a la inmediatez de su aplicabilidad, y no a los beneficios ulteriores que tales conocimientos pudieran aportar, por considerarlos de segundo orden. Ejemplos de esto último son el placer estético, la empatía, el reconocimiento de lo propio en lo ajeno y la sensación de pertenencia a un grupo.
La dificultad, por su parte, se relaciona con parámetros como la precisión, la exactitud y la posibilidad de prever todas las respuestas válidas posibles a base de suprimir todas aquellas que se "salgan del guión". Esto es lo que se llama pensamiento lineal, y tiene el inasumible precio de cercenar la creatividad y la imaginación, esenciales para el pensamiento divergente, y fundamentales para quienes busquen brotes de genialidad.
Resulta irónico que quienes viven por y para la excelencia académica, en busca de un alumno brillante a cuya trayectoria añadir su firma, hagan la zancadilla a todos aquellos que apuntan maneras, pero no del modo que ellos quieren.
Es como buscar a otro Mozart a la vez que prohíben saltarse las normas.
Muchos alumnos creen que son inferiores porque el mensaje que les transmitimos es precisamente ese, y no nos damos cuenta de que las inteligencias son múltiples, y que no todo lo evaluable cabe en una tabla de excel.
Además de arbitraria e injusta, innecesaria: porque no sirve de nada, no es provechoso en absoluto, crear castas en función de los estudios. Es un acto irresponsable promover esa línea de pensamiento, por machista, por clasista, por retrógrada, pero sobre todo, por malintencionada.
Asociar las humanidades y su estudio a la esfera de lo irrelevante es dar la espalda al progreso. Sin conocer la historia somos marionetas, hámsters correteando en la rueda de nuestra jaula de tradiciones y rutinas, por muy cómoda y lujosa que ésta sea.
Sin literatura estamos condenados a desconocer aquello que no vivamos en primera persona, y a vivir una vida más pobre y penosa.
Sin las artes jamás experimentaremos la vivencia estética, siendo peleles al son de los poderosos.
Sin lenguas clásicas nos perderemos la magnífica sensación de vértigo que produce la arqueología de los vocablos; saber de dónde vienen las palabras es como indagar en un árbol genealógico: no te es indispensable para vivir pero descubres cosas que dan nuevas dimensiones a tu mundo.
Y la filosofía... en fin, sin ella seríamos aún orangutanes.
Porque la idea de que en Ciencias cuesta más aprobar que en Letras no es del todo cierta, y me explicaré con un ejemplo: para sacar un 5 en matemáticas hay que saber probablemente más de la asignatura que para sacar un 5 en literatura, filosofía o historia, sobre todo si tienes buena redacción y labia. Pero para sacar un 10 hay que saber más de éstas que de aquella, ya que además de saber tienes que convencer al corrector.
Y ya no entro en las traducciones de latín y griego, donde saber gramática no sirve si te falta intuición y muchas horas de práctica. Cuando un mismo verbo significa "ir, venir, llegar" y una página entera, escoger la acepción que se ajusta al caso concreto es algo que no se estudia.
En fin, no se trata de reivindicar una rama del conocimiento que se cuestiona por pura maldad o, en el mejor de los casos, ignorancia supina.
Se trata de reivindicar el tipo de ser humano que necesitamos para un mundo más justo.

26/04/2015 15:46 davidov3 #. Mis escritos

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