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La libertad de expresión y el respeto: ¿establecen necesariamente una relación inversamente proporcional?

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Son muchas las ocasiones en las que se utiliza como coartada el RESPETO para aplicar filtros, frenos, límites a la libertad de expresión... vaya, lo que no es sino CENSURA pura y dura, pero de buen talante.

Me hace mucha gracia comprobar cuántas sensibilidades llega a herir cualquier opinión cuando cae sin la red de la cordialidad forzada (forzosa, más bien), cuántas ampollas levanta escuchar sin tapujos lo que uno piensa (con mayor o menor acierto) sobre un tema.

Estoy de acuerdo en que la libertad de expresión no puede convertirse en un semáforo permanentemente en verde para decir cualquier cosa. Nos debemos un respeto en la medida en que formamos parte de la sociedad, y no podemos campar a nuestras anchas sin tener en cuenta los sentimientos de quienes nos rodean. 

No estoy de acuerdo con esa gente que utiliza su opinión como lanza y que va por ahí aporreando la tranquilidad de los demás. No es necesario tanto estruendo: puedes seguir siendo igual de ingenioso, inteligente, auténtico o lo que quieras ser sin necesidad de ir demostrándoselo a todo el mundo todo el día.

Pero digo yo que entre una cosa (proteger la sensibilidad de quien quiere estar tranquilo) y la otra (ir por ahí abofeteando a todos con nuestro exceso de confianza en nosotros mismos y en nuestras verdades) debe de haber un punto intermedio, un planteamiento en el que A puede vivir tranquilo a pesar de que B exprese sus opiniones.

Y ese planteamiento pasa por que, por una parte, A acepte que lo que pueda opinar B no va dirigido necesariamente en su contra, puede sentarle mejor o peor pero tan solo es una opinión, y que incluso si va en su contra somos ya mayorcitos para encajar realidades ineludibles como que "no podemos gustar a todos" y "no es necesario compartir ideas ni credos para poder convivir"; aunque también pasa por que B comprenda que su opinión puede no interesarle a nadie más que a sí mismo, y apesar de que pueda ser todo lo vehemente que quiera al defender su visión del mundo no debe ser invasivo con el espacio vital de A, lo que excluye el acoso y derribo que muchos están acostumbrados a practicar cada día.

Como animales sociales que somos necesitamos el roce, tanto para bien como para mal, ya que sin él nos embruteceríamos y haríamos más fríos.

El temor a la muerte ha encendido debates acalorados, ha creado auténticas virguerías artísticas y conceptuales, pero sobre todo ha extendido esa zanja de incomprensión del que quiere convencer por la fuerza y exterminar toda diferencia.

La religión ha sido siempre un campo abierto para todo tipo de reflexiones, lanzas u opiniones, tanto a favor como en contra. Y no es para menos: en nombre de un concepto cuya existencia no se necesita comprobar para tener en cuenta se ha hecho de todo en el mundo de los vivos. Una realidad virtual, que en tiempos remotos y en situaciones personales particularmente penosas se ha hecho necesario para seguir luchando, seguir levantándose cada día sin tirar la toalla, se ha convertido rápidamente en la gran estafa: se pide piedad pero no se practica, se pide por los necesitados pero que sigan existiendo para poder seguir pidiendo por ellos, se pone el grito en el cielo en cuanto una gran injusticia amenaza con rozar a los nuestros pero no cedemos ninguno de nuestros privilegios ante el sufrimiento y machaque sistemático de los otros...

Me parece tremendo que en el siglo XXI haya gente que, por haberse sentido ofendida por el trato que recibe su credo religioso en algunos disfraces de Entroido el año pasado, se haya atrevido a pedir que se prohíban ciertas carrozas en el desfile de este año en Verín.

¿Pedimos "prohibiciones"? ¿Ponme unos grilletes más grandes que estos me quedan flojos? ¿Y en Entroido, además? ¿Estamos locos o qué? Se supone que el Entroido, del mismo modo que el triumphus romano (= celebración en la que el vencedor de una guerra era recibido con alabanzas e insultos en un desfile, sin consecuencias de ningún tipo, para evitar que se le subiera el éxito a la cabeza), es un período de transgresión de los valores, de las normas, un paréntesis que se hace para que humildes y poderosos se mezclen en una bacanal de harina, alcohol y máscaras.

En el Entroido no se puede tomar nota de lo que se diga porque todo es diversión, y quien no lo entienda de ese modo haría mejor en encerrarse en su casita esos días. Porque la tranquilidad de unos pocos no puede ser nunca la coartada para cercenar la fiesta: sin libertad no hay ingenio, y sin ingenio el Entroido no tendría sentido.

Me hace mucha gracia que personas pertenecientes a una institución tan sanguinaria, machista, patriarcal, jerárquica, clasista, interesada e injusta como la Iglesia católica se pongan a reunir firmas (cuatrocientas, que son pocas para tratarse de Verín, pero son menos si restamos las más que probables firmas forzosas que alumnos de centros religiosos se podrían haber visto obligados a firmar... para que luego hablen de que en la escuela pública se adoctrina a los alumnos!!!) para prohibir que las carrozas de este año puedan herir su sensibilidad.

O yo no me entero de nada o esta gente quiere amordazarnos incluso con la careta puesta. Muy fuerte. Y profundamente lamentable.

Cliqueando aquí accederéis a un artículo de La región en el que se alude a esta denuncia.

Si queréis vivir tranquilos, aprended a respetar que la opinión del vecino también es válida, puede no coincidir con la vuestra y eso no implica ningún enfrentamiento.

Si no somos mayorcitos para vivir en libertad tenemos un problema que no se arreglará por muchos rosarios que recemos. Porque lo que pasa aquí, queda aquí.

14/01/2015 13:20 davidov3 #. TramPPas de la Xunta

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