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En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado

ODA DEL PAREDÓN, nuevo texto poético

ODA DEL PAREDÓN, nuevo texto poético

Oda del paredón

Sin aplomo envío el plomo y, aunque casi me desplomo,

contemplo la paloma que presidía el templo rojo, apolíneo,

apaleada por los pálidos pélidas homéricos,

hambrientos unos, hombrunos otros, umbríos todos,

hombres al fin y al cabo,

agarrados por dos garras en los hombros,

presas de las armas que desarman almas sin calma,

armados por huecas corazas descorazonadas,

absurdas castañas sin nada dentro,

carentes de un cuerdo corazón,

acordonadas por la nada en que nada la razón obviada, odiada,

un recuerdo acordado entre bolsas de plástica vergüenza imberbe

que impregnaría todo para siempre,

sembrando cruel simiente,

miente que miente,

miente mientras no sienta,

asiente sentado con tiento en el suave asiento,

asienta los cimientos del odio subido al podio;

almas desalmadas bien armadas contra todo,

protegidas contra la patética piedad,

patoso lastre castrense que se acuesta con la deshonesta empatía,

peligrosa huella que embadurna hasta la urna al bienvenido felpudo

y hace fiel hiel de lo que pudo ser infiel miel;

prisioneros de las impresiones prietas torturadas entre tuertas salas

ante las sombras que no se asombran aunque obran sin sobras

y escombran cunetas acunando cuentos jamás contados,

abren vetas en almas sin saetas,

olmos desalmados lamiendo lomas, lo más triste que existe...

huyendo a lomos de los más veloces caballos,

aves rapaces capaces de derrapar entre el interés y la virtud,

cayendo por el barranco insalvable de la injusticia legalizada por la bandera alzada, estetas excitados en éxtasis planificados,

savia desangrada en el tronco de la parra desparramada...

hados aferrados a dos férreos brazos, abrazados entre cerezos,

celosos de la libertad ajena, enajenados,

ajados por no aceptar el hado propio,

propinan bálsamos de ajo y sal en las heridas de otros que sí fueron capaces,

nunca rapaces,

y dejan caer el dedo en el gatillo,

abrazándolo con la desesperación de la inconsciencia,

o peor aún,

con la cobardía de la verdad contemplada entre dedos que pretender

tapar,

cegar,

ocultar,

salvar,

perdonar,

y entonces,

sólo entonces,

lo hacen,

y envían la muerte entre dientes,

y luego lloran con lágrimas embarazadas de seis meses,

y saben que la culpa cose sus talones a tus talones,

y sabemos que somos ellos,

que los matamos,

que los hemos visto morir,

y entonces ya da igual,

porque un muerto más es una derrota más,

porque la escopeta que empuño

abrazo

agarro

aprieto

humedezco

seco

me ensordece

relleno

limpio

cargo

me clava sus garras cada vez que disparo

y mi alma ya se ha ido

y tan sólo me queda

seguir

disparando...

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