Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2012.

... se acabó la rabia???

20120116123616-perro-muerto.jpg

Hoy las banderas del instituto ondeaban a media asta.

Se me hace extraño, porque esas muestras de respeto marcial son propias de otra época, una época a la que el actual gobierno sé que nos acercará poco a poco, pero que aún siento lejana.

Se me hace injusto, porque el seis de enero murió Isaac Díaz Pardo, todo un referente para la cultura gallega, y no pasó nada, ni siquiera aquí, en un centro de educación secundaria obligatoria donde se supone que esas cosas crean una respuesta.

Se me hace inmerecido, porque la figura que falleció no representa nada de lo que yo (ni muchos otros) me pueda sentir orgulloso ni nada con lo que yo crea que tenga que sentirme identificado.

Se me hace caprichosamente arbitrario, porque no me parece justo que juguemos con la memoria y su supresión según nuestra conveniencia, y no es de recibo que hoy pueda recibir un tratamiento de mártir alguien que dista mucho de serlo.

Se me hace incluso incómodo, porque esta península ibérica que habitamos desprecia iniciativas progresistas, busca la seguridad de lo malo conocido, escapa a todo acto de rebelión pacífica y etiqueta lo que no le toca directamente con marbetes peyorativos (gestados en la ignorancia más supina y pretenciosa).

Se me hace provocativo, ya que un gobierno autonómico de derechas, una Xunta de Galicia de derechas, y ahora un estado de derechas nos están intentando aleccionar con reconocimientos extemporáneos.

Comprendo que una desgracia multitudinaria lleve a una villa a mantener unos días de luto.

Entiendo que una muerte destacada para el curso de la vida cultural de una villa se respete con todo el dolor que supone un adiós.

Respeto - aunque no comparto - que una persona con un pasado cuestionable reciba un adiós sentido por aquellos que le deben algo o que se sienten en deuda con él, aunque en el devenir de los años no haya mostrado ni un ápice de remordimiento ni haya cambiado en absoluto.

Ahora bien, me resulta farragoso, inapropiado e insultante que en mi centro de trabajo se haga un homenaje a un ex-fascista que poco o nada ha evolucionado a lo largo de su vida, que nunca movió un dedo por la cultura gallega y que representa la cabeza visible de un partido político donde se juntan todo tipo de personas: desde acomodados burgueses poco a nada comprometidos con la sociedad, pijos que heredan (entre otras cosas) el voto (no vaya a ser que los perroflautas nos "okupen" la piscina del chalé), hasta fascistas descafeinados sin cojones para decirlo claramente pero que arremeten con las armas de esa democracia que tanto odian (llevando a los tribunales todas las nuevas leyes) ante las iniciativas aperturistas (aborto, matrimonio gay...), demócratas incoherentes que o no saben lo que quieren o lo saben demasiado bien y se ríen de nosotros, déspotas muy poco ilustrados que pretenden extender su zafiedad adornada con caras colonias y coches de alta gama, empresarios sin escrúpulos que quieren despedir incluso a funcionarios y tecnócratas varios, además de una amplísima masa de votantes pertenecientes al pueblo y que buscan un salvador donde sea (incluso entre los enemigos que atacan sus aspiraciones y los mantienen con la cabeza en el fango).

No comparto ese duelo tan sentido por alguien que, lejos de ser un referente, me avergüenza como gallego y como ser humano.

A diferencia de él y sus secuaces, no diré que me alegro de la muerte del rival, porque ante todo respeto la vida (en eso no somos iguales), pero que nadie me pida un elogio para el difunto.

Lo peor de todo es que su legado puede ser (y será) peor que él mismo...

16/01/2012 12:36 davidov3 #. TramPPas de la Xunta No hay comentarios. Comentar.

El observador es inmortal, porque no ha llegado a vivir

20120123153636-observador-thumb3206489.jpg

El observador que otea desde la alta torre de su excelencia rara vez imagina el aroma del prado que custodia.

Su mirada puede ser infalible, puede proporcionarle todo tipo de datos acerca del color, forma, movimiento, etc de sus arbolitos, del número de ramas que hay cada día, su longitud y su estado de floración o envejecimiento... Pero su mirada es y será siempre ajena a la textura de los pétalos de cada flor, desconocerá en todo momento qué se esconde entre los matorrales más menudos, llegará a morir sin saber que entre tanta maleza y tanta rama caída había unas pequeñas setas que cada otoño florecían, invadiendo con su aroma húmedo y arenoso cada rincón del jardín.

El observador que jamás abandona las alturas que tanto admira y que tanta protección le ofrecen vivirá en la más absoluta soledad: aquella que se desconoce atribuyendo a las consecuencias de sus actos toda la responsabilidad, obviando que en la vida el error y el acierto bailan cogidos de las manos entorno a la misma hoguera, y que nada es más inútil que olvidarse de uno mismo mordisqueando las experiencias de los demás.

Las pipas en el cine son parte de un ritual que nos envuelve en una mentira hermosa que nos permite vivir experiencias auténticas a partir de algo virtual por lo que pagamos, aceptando unas normas previas y asumiéndolas, pero cuando salen los créditos y se encienden las luces hay que saber adónde ir, tener con quién estar o simplemente saber estar consigo mismo.

El observador que lo es en todo momento, en toda su vida, muere sin parpadear, expira sin haber respirado una sola bocanada de aire protagonizada por sí mismo.

Ese observador que incluso llega a equivocarse en sus denuncias, muchas de las cuales son anónimas, urdidas en el taimado silencio que se rompe cuando las gallinas cacarean alrededor de las mejores migajas, es un observador ineficiente, porque ni tan siquiera sabe ver lo que tiene delante.

Malinterpretar la realidad, cuando uno se ha empapado en ella y ha mordido ramas de regaliz, o ha fumado tabaco mal liado, o ha comido las manzanas ácidas y picoteadas del árbol del jardín vecino, o se ha bañado en ropa interior (o sin ella) en la playa la noche de San Juan... forma parte de lo que muchos llamamos vida, y es tan legítimo como acertar dando en el clavo.

Malinterpretarla cuando uno ha sido tan sólo un observador es pagar una entrada de cine para salir sin haber visto nada.

El observador que ama la altura, no ama: necesita saber que sigue vivo, que aún recuerda lo que es SENTIR, y tan sólo le queda un camino: buscar más altura para poder sentir, al menos, el vértigo.

23/01/2012 15:36 davidov3 #. Mis escritos Hay 1 comentario.

Los mejillones rabiosos cacarean mientras cambia la marea

20120130132644-mejillones.jpeg

Últimamente he pensado mucho en esas personas que forman corrillos y comentan la jugada, esas personas que se creen justas y necesarias (parafraseando al otro), que se entretienen cuestionando cada paso que dan los demás, y que (al igual que los comentaristas de los juegos olímpicos en las especialidades de gimnasia rítmica y artística) no escatiman en detalles para sacar punta de todo cuanto les rodea.

Digo "rodea" y digo bien, porque son árbitros de partidos en los que nunca han tocado una pelota, nunca se benefician de los goles de ningún equipo, nada les va en que el resultado sea uno u otro, pero inevitablemente necesitan ver para comentar...

Últimamente he visto y leído historias que me recuerdan a este tipo de personas. Se me vienen a la cabeza varios títulos que están íntimamente relacionados entre sí: El tirano, el luthier y el tiempo por una parte, fantástico cuento ilustrado; por otra parte, La vida de los otros, una magnífica película que me ha hecho pensar (y mucho) sobre ciertas formas de vivir la vida.

El cuento, del que ya hablé en otro artículo de este blog, trata la historia de un tirano que pretende dominar a sus súbditos sabiendo qué hacen en cada momento, en cada instante, segundo a segundo. Para ello pide a los inventores de su reino que le den un medio que se lo permita. Tras muchos intentos fallidos, un músico ambulante le da un metrónomo. Cada vez que él lo detenga, el tiempo se parará, y podrá visitar las casas de todos sus súbditos para ver lo que hacen, analizar lo que piensan, deducir lo que sienten... Obsesionado con el invento, fue envejeciendo a un ritmo rapidísimo, mientras los demás seguían igual (el tiempo estaba detenido a cada rato, pero sólo para ellos: para él seguía transcurriendo). En unas semanas murió de viejo.

Las redes sociales (Facebook. Tuenti...) nos permiten acceder instantáneamente a lo que hacen, dicen, piensan... personas a las que a lo mejor no vemos cada día. Esa información SIMULTÁNEA es un ardid tecnológico que nos acostumbra a tratar a nuestros contactos como si fuesen tamagochis o SIMS, ya sabéis, esas criaturas a las que hay que decir paso a paso lo que deben hacer para que no se nos mueran. 

El problema que veo en las redes sociales (y debo admitir que soy un consumidor empedernido de Facebook y Tuenti) es que fomentan el ser cotilla, el chismorrear gratuitamente sobre vidas ajenas, el señalar con el dedo y con el puntero, para meterse en un cínico juego de luces y sombras, jugando con la información que se tiene, con la que se supone que no se tiene pero se tiene, con la que se tiene pero queremos hacer creer que no tenemos...

Vaya, que lo de Radio-patio se extiende como la pólvora, y este tipo de personajes tan dados a dimes y diretes se relame las heridas cada vez que abre su muro y comienza la exploración.

Unas heridas que no se curarán nunca, porque entre sus pasatiempos favoritos está precisamente el evitar que se cicatrice ese dolor que tantos motivos le da para chismorrear. 

Es un entretenimiento sádico que me hace pensar en el castigo de Prometeo (atado en el Cáucaso por ofrecer el fuego de los dioses a los humanos, cada día un buitre devoraba su hígado, que mágicamente se regeneraba durante la noche, para ser devorado nuevamente), y en ese afán de dar pena bajo los focos del escenario, para seguir tramando entre bastidores.

La película es una preciosa fábula sobre la supresión absoluta d libertades a que lleva la dictadura del comunismo. En ella, vemos a un agente de la STASI encargado de vigilar día y noche a un escritor cuyo piso estaba lleno de micros y cámaras, con el fin de averiguar su postura ideológica. A lo largo de los días el agente va descubriendo un mundo de emociones que desconocía, empatiza con el vigilado y acaba protegiéndolo del régimen, transgrediendo las normas y asumiendo el consecuente castigo.

Una película en la que vemos a un personaje atormentado por algo que nunca antes había conocido: la duda. El no saber qué artículo consultar en la ley para solucionar un problema, el no tener a mano una directriz clara que se adapte a cada imprevisto, el no saber qué hacer ante la maravillosa impredecibilidad de esta vida que siempre nos sorprende.

Este personaje llega a enamorarse de lo que ve, llega a conocer el calor de la compañía, una compañía que le es ajena (ya que es unidireccional: ellos lo acompañan a él, que los observa, pero no hay reciprocidad). 

Este personaje rompe su cascarón de convencionalismos, deja atrás su pasado, deja atrás la piel de víbora que tan ajustada había lucido y se decide a conocer la vida en todas sus imperfecciones, con todo lo que hay fuera de guión, asumiendo lo imprevisible y verdadera que puede ser, aunque el punto de partida sea una grabación.

Es un personaje que nos hace pensar también en estos observadores, en estos Píramos que observan a través del agujerito del muro para ver si del otro lado hay vida, pero no hay Tisbe que los soporte.

Es una observación diferente, ya que no sólo no aprenden nada de lo que ven sino que se atreven (SE ATREVEN) a juzgarlo, a medirlo en la balanza de su ineptitud, a calibrarlo con la grimosa y pérfida cinta métrica que algún día robaron en el costurero de la abuela y aún huele a rancio, y ahora que lo han despellejado todo se limpian los dientes con el palillo que usaba aquel hidalgo muerto de hambre en el Lazarillo y pavonean su hambruna rodeados de hienas hambrientas.

Es curioso, últimamente he pensado demasiado en este tipo de personas. Y cuando tienes un trabajo en el que se lleva cuenta de todo lo que hace cada profesor por escrito, no asumes que para muchos esos documentos son el guión de lo que podrán comentar hoy. Y que cada día que pase habrá un nuevo documento indicando qué profes han organizado qué actividad, qué profes han faltado a clase, qué profes se han dado de baja, qué alumnos han perdido el derecho a la evaluación continua, qué alumnos nuevos se han incorporado...

Lo más llamativo de todo esto es que estas personas, con su actitud fiscalizadora, extralimitándose en todo lo que hacen, obviando lo esencial del mundo que les rodea, no forman una piña, no se hacen compañía, se limitan a compartir su soledad.

¿Qué puede unir a un león, un espantapájaros, un leñador de hojalata y una niña? Una ilusión, la búsqueda de algo que les dé la garantía de un mañana. El mago de Oz. La promesa de que aportando cada uno lo mejor de sí mismo alcanzarán la felicidad, sabrán hacerse amigos en esa búsqueda, explorarán con miradas diferentes una misma realidad, huirán a la desidia de la rutina.

Por otra parte, ¿qué puede hacer chocar como si fueran mejillones cerrados en una red a individuos de una misma especie, de una misma profesión, cacareando y gruñendo sin cesar ante lo mala que es SU vida y haciéndoles consultar papeluchos legales en los que poco o nada se ajusta a la vida? La incapacidad de cada uno de ellos de abrir su cascarón. Ese gusto por los musgos que crecen alrededor de pequeñas vetas convirtiéndolas en terribles cicatrices de guerra de las que poder presumir ante los demás moluscos, enfermizos, enfermos, rozando la locura del dolor buscado, sembrado y regado día a día, contando cuidadosamente las gotas bilis que caen desde lo más alto de su memoria hasta lo más bajo de su presente.

Mejillones plañideros, que se saben solos porque no quieren mejorar, y no quieren mejorar porque lo único que les hace sentirse especiales es la lista de desgracias que atesoran.

Bivalvos llenos de un pus rabioso, que escapan a la luz de la buena compañía porque ser uno más entre un montón no le permite a uno saberse mejor, y por ello si se distancian de la chusma y señalan con el dedo tendrán algo de lo que hablar, tendrán chistes que hacer, palabras que escupir...

¿Y mientras? ¿Qué pasa mientras?

Supongo que lo del tirano: el tiempo seguirá haciendo tictac, las horas darán paso a los años y habrá un momento crucial en el que echarán la vista atrás y dirán: ¿dónde estoy?

Y para entonces habrá sido demasiado tarde.

Yo les regalo ese precioso metrónomo, yo les permito que señalen, que murmuren, que rían a carcajadas... 

Mientras tanto, aún teniendo cámaras y micros ocultos alrededor, aún sabiendo que quizá me estén viendo mientras tecleo estas letras, sigo protagonizando mi vida, y eso es mucho más de lo que ellos pueden decir de sí mismos.

30/01/2012 13:26 davidov3 #. Mis escritos Hay 6 comentarios.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris