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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2012.

Modelo de trabajo para la 2ª evaluación, alumnos de 1º Bachillerato

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Aquí os copio el modelo de trabajo de evaluación para los alumnos de 1º bach con Música. Recordad que está basado en la lectura de un libro de temática musical y en un tema monográfico que en cada caso será diferente.

IES Xesús Taboada Chivite - Departamento de Música - Curso 2011-2012 

MÚSICA 1º BACHARELATO – Traballo da 2ª avaliación 

 

1º) PREGUNTAS SOBRE A NOVELA SETTECENTO 

a) Datos externos da obra

 O escritor: Quen é o autor? Que outras obras escribiu? Busca información detallada.

 O tema: Que outras novelas tratan o tema da música barroca na Italia dos séculos XVII-XVIII?

 b) Datos internos da obra: 

Argumento: que sucede na novela? Explicao detalladamente, nomeando os principais personaxes e deixando clara a relación que teñen entre sí.

Caracterización destes personaxes na novela: O MESTRE VIVALDI, LEO, GIACOMMO, CHARPENTIER. Que papel desenvolven na trama? Como remata cada un deles? Que relación ten cos protagonistas? 

Antetextos: sitúa estes fragmentos na liña argumental da obra e indica que sucede xusto nese intre, xusto antes e xusto despois. Dá moitos detalles para demostrares que liches a novela. 

2º) INFORMACIÓN MUSICAL 

a) Datos históricos 

O contexto histórico: Busca información sobre o Barroco musical en Europa: crenzas, relixións, filosofía, ideoloxía política. 

A ópera no Barroco: Busca información sobre as orixes da ópera e os seus principais representantes. 

A vida de Vivaldi: Busca información sobre a vida de Vivaldi. Conta algunha anécdota. 

b) Tema propio:   (A cada un tocaralle un tema distinto)

Información: Busca información sobre o tema que che toque, contextualizándoo histórica e musicalmente. 

- Práctica: Analiza unha peza musical pertencente o estilo ou autor do teu tema de traballo, dando conta da estrutura musical e dos instrumentos que interveñen em cada parte. 

Conclusións e bibliografía: Intenta redactar unhas conclusións xerais ó teu traballo, RELACIONANDO o teu tema específico co que se conta na novela, dando a túa opinión ó respecto e ditando um mínimo de 3 fontes bibliográficas consultadas (2 das cales – polo menos - teñen que ser obrigatoriamente libros).

06/02/2012 12:21 davidov3 #. Música No hay comentarios. Comentar.

UN SECRETO, nuevo poema

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Dímelo

Dímelo ahora o calla para siempre.

No dejes que las horas echen tierra
sobre mi cadáver,
un fiambre aún latiente,
cálido,
un cuerpo en el que los gusanos
de la desesperación
aún no han hincado el diente.

Dímelo
de una vez.
No sigas callando.

Termina con esta farsa.

Tus ojos saben que quieres decirlo,
tus pasos saben que puedes querer decirlo,
mis manos saben que tus pasos lo dicen,
por tanto: dilo ya.

¿A qué esperas?
Nunca te serán tan lastimeras
las palabras de otra amante,
nunca una voz humana podrá rozar con tanto ahínco
las entrañas del Averno.

Dímelo,
al menos una vez,
al menos al oído,
nadie más sabrá que lo has hecho,
será nuestro secreto,
dilo,
por favor,
¿un llanto como el mío no es pago suficiente?

¿Así me pagas tanto esfuerzo?
¿Así tantas horas de desdicha?
¿Tan ingrato puede mostrarse 
el que yo consideraba un corazón sincero,
puro, limpio?
¿Eres capaz de seguir sin darme una sola palabra?
¿Y sigues creyendo que yo te seguiré?

Si no me miras,
si no te giras para dejarme hallar en tus ojos
una excusa para no detener mis pasos,
si no me das una razón para seguir
amándote,
si no me dices cuál es tu secreto, 
si no me explicas qué condiciones te puso ella,
si no me regalas el cincel de tu lengua
y no tallas un poco mi alma
acariciando mis oídos
con el aire que masticas,
si no me soplas junto a la oreja
unas sílabas untadas en ambrosía,
si no me llenas con tu lengua
ni con tus versos
ni con tu canto...

Entonces,
yo te maldigo,
te maldigo aquí y ahora,
te juro mi odio eterno y te destierro de mi alma.

El ostracismo donde esperan los condenados,
la diáspora que habitan los exiliados de su patria,
los castigos del divino Zeus, eternos e inexorables,
esos serán a partir de ahora tus hogares.

Que el llanto que mañana
aquí te aguarda
sea para siempre
compañero de tus pasos; 
que el grillo que apresa
sueños
encadenando sus pies
a los de los otros presos
cacaree al amanecer,
y
junto a mi putrefacción
se pegue a tu hermosa lira
por siempre
jamás.

Ya que no me hablas,
déjame morir tranquila;
ya que no me miras,
vete a aquel mundo
en el que pudimos ser felices.
Ya que así me ignoras,
Orfeo,
dime al menos
adiós.

(fragmento de la ODA DESESPERADA, en la que Eurídice se enfada con Orfeo ante su negativa a hablar con ella o dirigirle una sola mirada, en el proceso de ascender de los Infiernos. Justo después, él se gira - incumpliendo el mandato de Hades y Perséfone, y ella regresa al mundo de los muertos para siempre)

09/02/2012 12:03 davidov3 #. Mis escritos Hay 1 comentario.

"Es verano", nuevo relato

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Es verano.
Abres la cartera: el DNI, la tarjeta sanitaria, un par de tiques, tres fotos de carné y algo de dinero. Dos billetes de 5 euros medio rotos, uno de diez y cuatro monedas. Suman 23,70 euros.
Cierras la cartera. La guardas en el bolsillo.
Coges una caja de tabaco medio aplastada y la abres. Hay truja. Buscas un grinder en los bolsillos... No hay suerte. Buscas papel de liar... Mierda, no hay Rizzla. Te conformas con los tres papelitos que quedan en el cartoncito de OCB que encuentras en el bolsillo de detrás del pantalón.
Te lías un porro.
Fumas.
Un humo espeso y con cierto sabor a madera seca te hace toser al principio, pero insistes y finalmente te acostumbras a su tacto.
Cierras los ojos y reclinas la cabeza hacia atrás.
Te estiras un poco.
Es verano. Tienes trece años y tus amigos del colegio se han cansado de burlarse de ti. Con el final del curso y la playa las tensiones acumuladas a lo largo del año parecen absurdos resentimientos innecesarios.
Tu verano será muy diferente al suyo. No hay dinero. Papá ha perdido su empleo y mamá sigue en su línea habitual... Malditas tragaperras.
Trabajas paseando los perros de las vecinas, haciendo recados y ayudando a carga descarga en un almacén.
Es verano.
Por un momento deseas que termine agosto y empiece de nuevo el curso.
Pero Pedro está ahí, esperando por ti. Con sus puños de matón, hijoputa, seguirá haciéndote odiar los recreos.
Pero eso ya acabó, porque es verano.
Das otra calada, muy intensa. Abres los ojos.
Notas un hormigueo en la punta de la lengua. Esta mierda es cojonuda. Te encanta.
Buscas con la vista alguna ventana abierta en la habitación. Nada. Todo cerrado a calicanto.
Das otra calada.
Es verano.
Los teléfonos móviles aún no existen, al menos no de forma generalizada, y llegas tarde.
Quedasteis a las cinco en punto y ya van para las y cuarto. Aún te quedan diez minutos, suponiendo que aparques sin dificultades.
Tienes 21 años.
Marta no es de ese tipo de chicas que esperan pacientemente. Igual ya se ha marchado.
Logras aparcar y cuando estás a punto de llegar a la puerta del centro comercial te la encuentras de espaldas, marchándose.
La alcanzas por detrás, apoyando tu mano derecha en su hombro.
Se gira. No es ella. Te confundiste.
Te disculpas y retrocedes. No está. Se fue.
La has cagado.
Sigue siendo verano.
Te quemas un poco los labios al llegar al final del porro y eso te fuerza a abrir los ojos bruscamente, regresando al cuarto donde estabas, sentado en una esquina, con la mirada perdida en medio de un terrible caos.
Te levantas, das un par de vueltas en círculo.
Vas al baño.
Te lavas las manos.
No sale.
Sigues intentándolo.
La jodida sangre no sale. Ni de las manos ni de la ropa.
Te quitas la ropa. Toda.
Te sientes sucio.
Asqueroso.
Abres el grifo del agua caliente de la bañera y esperas a que se llene, ahí, en pelotas, medio sentado en el bordillo de esa jodida bañera del año de la polca, con unas horribles cortinillas que se enganchan y rompen al tirar de ellas.
Buscas una toalla. No hay.
Al menos no limpia.
Regresas al cuarto escuchando de fondo el agua. Es relajante, un sonido muy relajante.
Coges la sábana de la cama: está sucia, no te vale.
Buscas en el armario, por si hubiera alguna de recambio.
Nada.
Echas un vistazo general.
Menuda mierda.
Vuelves al baño. Te metes en la bañera. Echas jabón en la mierda de esponja que hay, y te limpias un poco.
No sale nada de sangre.
De un modo frenético e incontrolable, empiezas a rascarte con lo que te queda de las uñas (siempre te las comes, algún día te harás un muñón... ¡cállate, mamá!), y cuanto más lo haces más sucio estás. Sigues y sigues. La bañera se tiñe de un rojo tan oscuro que casi parece violeta.
Paras de repente. Respiras hondo. Muy hondo. Apoyas la cabeza en la pared y, con el grifo aún abierto, te dejas escurrir poco a poco, hasta que el agua te cubre la mitad de la cabeza.
Es verano. Este año papá sabe que tendrá que cumplir lo que te prometió: si apruebas todas te llevo al parque de atracciones.
Estás más ilusionado de lo habitual en ti, un niño de 8 años con problemas de relación. En el cole no saben cómo canalizar tu energía para sacarle provecho. En esta época el sistema escolar no daba nombre a tu caso, pero si nacieras 20 años más tarde el equipo de orientación se devanaría los sesos para decirles a tus padres que lo tuyo no era normal, que necesitabas una atención especial y especializada.
Es verano.
Tus ilusiones se posan en el boletín de notas que te da la tutora, que con su firma enorme y de letras redondeadas da validez y precio a un curso de esfuerzos.
Al llegar a casa papá las lee con orgullo en voz alta, asignatura por asignatura, comentando la importancia que tiene estudiar para el día de mañana ser alguien de provecho.
Esperas ansioso a que diga la frase mágica.
Se te acerca y te dice: Hay que celebrarlo. Hoy comeremos fuera de casa. Te da una palmadita en el hombro y se va al baño. Así. Sin más.
Sacas la cabeza de la bañera. Sigue cayendo agua. Cierras el grifo. Te incorporas.
No hay forma de limpiar la sangre.
Te rindes y optas por ponerte ropa por encima.
Te diriges al salón, esquivas los bultos del suelo y te acercas al armario. La camisa te queda un poco apretada, pero te la pones.
El pantalón no hay forma de ajustarlo, así que te coges un cinturón y, sin ser capaz de cerrar el pantalón, sujetas firmemente el cinturón por encima. Así seguro que no se cae.
Vas al baño otra vez. Te peinas. Te echas un poco de colonia.
No te convence pero peor es nada.
Vuelves al salón. 
Tienes sed. Y mucha hambre.
Esta mierda es de la buena.
Abres un cajón y encuentras una bolsita con coca.
Sacas el DNI, te haces dos rayas. 
Maldita sed.
Abres el mueble bar y ahí ves una botella de whisky.
La abres. Te bebes un par de tragos, directamente de la botella.
Te sientas sobre la cama. 
Observas la escena.
No te gusta. Estás incómodo.
Te tumbas en la cama, en diagonal, panza arriba, y clavas los ojos en el techo.
Hay manchas de humedad. Lamparones enormes y alguna grieta.
Es un cuarto muy cutre. Ves las tarifas en la hoja de propaganda: 45 euros una noche, desayuno incluido.
Normal.
Un hotelucho de mierda en un pueblo de mierda.
Cierras los ojos.
Es verano. 
Marta y tú empezáis a salir. Ella tiene 17 años y tú 19. Te sientes importante. Ya tienes novia. Que se jodan esos cabrones que tanto se reían de ti cuando te veían caminando solo por las calles del pueblo.
Es una tía maja, con una cara normalita del todo pero unos grandes ojos que te vuelven loco. Su risa es contagiosa, y aunque es una chica muy seria para algunas cosas te trata bien en el catre. Lo hace muy bien. Sabe lo que te gusta y lo hace todo de buena gana.
El hecho de estar un poco gordita ayuda a prevenirte de celos y cuernos, ya que las modas apuntan a otro perfil de chica. Mejor para ti.
La conoces desde siempre, por lo que ya tenéis mucho camino avanzado.
Te sientes, por una vez, querido. A salvo de la horrible soledad que tanto conociste antes.
Os queréis, es un amor adolescente. Parece que todo durará eternamente, que no necesitáis nada de nadie y que el mundo está hecho a vuestra medida.
Es verano.
Por fin te gusta esta estación.
Llaman a la puerta. Abres los ojos. Servicio de limpieza. Los mandas al carallo. Pides diez minutos para recoger tus cosas e irte.
Se marchan.
Te incorporas.
Todo está patas arriba. Te ves las manos: tienes heridas, tienes mucha sangre, te duele mucho el hombro derecho y no sabes por qué.
Das un par de pasos. Descubres en el suelo dos montones bastante grandes, con mantas encima.
Sientes una punzada en el estómago. Te da un apretón. Corres al baño. Te sientas en el trono.
Estás algo mareado. Piensas.
Es verano. Mamá sigue yendo a rehabilitación para superar su ludopatía. Ya se fundió los ahorros de papá, los de la tía y los de la abuela.
La familia está que trina con ella, pero no pueden hacer nada. Está enferma.
Te sientes muy solo. Llegas de clase un día sí y otro también, con ganas de contarle a alguien algo de lo que has hecho, de lo que te ha ocurrido ese día, pero no hay nadie que te pueda escuchar.
A tus quince años sabes que eres un adolescente complicado, con tus necesidades, pero ni tu madre está para monsergas, ni tu padre está en casa, todo el día trabajando en lo que le sale al paso.
Es verano.
Quedas con algunos compañeros de clase para hacer un trabajo de recuperación para septiembre en la biblioteca. En el camino de vuelta te lo encuentras. Pedro te espera con los brazos cruzados. No le ha gustado que lo delataras al jefe de estudios por haberte pegado en el recreo, y te va a caer otra. Lo sabes. Se acerca a ti y te coge del brazo, te lleva a empujones a un callejón y saca de su bolsillo un porro recién liado. Fuma, te ordena. Fúmatelo entero o te parto la cara.
Fumas. 
Nunca antes lo habías hecho, así que toses una y mil veces. Cada vez que toses, Pedro te golpea en la cabeza, con la palma de la mano abierta. Cada vez más fuerte.
Fumas con ansiedad, sin saber muy bien cómo tragar el humo, cómo soltarlo por la nariz o por la boca... Toses frenéticamente. Te golpea una y otra vez. Acaba dándote un puñetazo en el estómago, y cuando doblas te parte los morros. Ya en el suelo, te da un par de patadas y se aleja, riendo.
Tiras de la cadena. Te levantas muy mareado.
El baño apesta. Ahora de un modo que no sabes cómo arreglar. Entre la sangre y lo que acabas de dejar crees perder la perspectiva.
Te acercas a los dos bultos.
Apartas las mantas. Un impacto te tumba para atrás. No te puedes creer lo que ves. Dos cadáveres. Un hombre y una mujer.
Tienen una brecha enorme en la cabeza, probablemente hecha con un palo o similar.
Tu corazón late tan rápido que no sabes muy bien qué hacer.
Te lías otro porro. Lo enciendes. Está muy fuerte pero lo necesitas. Te bebes un par de tragos de whisky.
Te duelen los ojos. 
Abres las ventanas, necesitas algo de aire. Observas a través de la ventana y ves que abajo, en la acera, hay un grupo de gente rodeando un objeto. Cuando te asomas miran arriba y te ven. Te señalan. Una mujer chilla. Te asustas y cierras la ventana.
Estás muy acelerado.
Te acercas a los dos cuerpos, están boca abajo. Es extraño, parece que los pusieran así adrede.
Giras el cadáver de la chica, una mujer de unos 30 años. Cuando ves su cara te quedas sin respiración. Es Marta.
Es verano.
Llevas ya tantos años en esta celda que no sabes muy bien cómo pasó todo.
Tienes ya 59 tacos y en el centro te consideran una autoridad, no tanto por tus habilidades sociales como por tus antecedentes penales.

Tienes 31 años. No lo sabes aún, pero Marta ha quedado hoy con otro hombre para cenar y, ¿quién sabe?, disfrutar de una romántica noche en algún hotel. 
La vida en la gran ciudad no la llena tanto como ella había pensado. Después de vuestra ruptura se aleja todo lo que puede de ti y trabaja como dependienta en una tienda de ropa.
Buscando en las redes sociales se agrega a un grupo de antiguos alumnos de vuestro colegio. 
Adivina por dónde hace buenas migas con Pedro, que ahora se gana la vida jugando profesionalmente al golf - con lo bruto que era...

Es verano.

10/02/2012 20:54 davidov3 #. Mis escritos No hay comentarios. Comentar.

Juego literario: ¿qué DOS declaraciones de amor hay en este poema?

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Dos declaraciones de amor sin respuesta

¿Cómo podría expresar con palabras su felicidad aquel que al fin descubre,
entre tantas horas de urticante soledad, la
impagable armonía en que me sume tu voz,
amigo que me observas con muda atención, tú que
me comprendes entre tantos devaneos, al
calor de un aquí y un ahora en que finalmente brilla alegre el sol,
astro tiránico que a mis enemigos ruboriza?

¿Cómo podría agradecerte tu fiel escucha,
amigo recién hallado, alma gemela que me regalas el
oído mientras canto mi lamento,
el mío, yo que soy desde siempre un solitario joven que
desconoce el amparo de un amigo, y que enojé a la celosa Hera
con mi engreimiento juvenil, no 
sabiendo que el crimen lo paga incluso quien la norma ignora?

¿Cómo podría agradecerte tu sonrisa? Eres el hermano que oye
este llanto caústico, fruto perenne de mi
astillado corazón, ánfora tosca en la que encierro un canto
que nadie más ha intentado escuchar. Este
terco hombre que ahora ha descubierto el amor,
sentimiento menos divino que humano, no
olvidará nunca la atención con que mi sufrimiento se aminora.

Buscaré entre las ramas de ufana juventud el 
verdor con que cubrir tu amargo llanto;
te regalaré de ahora en adelante cada soplo que 
aflore de mi pecho; detendré mi
respiración si con ello escucho tus palabras; vestiré una bandera
en la que todos vean que al fin mi alma es blanca,
lloraré cada segundo si con ello este barco sus velas iza.

Nunca te seré ajeno, amigo de mi alma; mas te pido una sola cosa: detén
la angustia de mi espera, abre tus
labios tensos y libera tus palabras; alegra con tus andares
el erial de mi alma, estas tierras yermas, llenas 
del más horroroso misterio: mi 
pecado imperdonable, mi desierta vida.

Yo sabré amarte más allá de
lo concebible; sabré escombrar mi pasado de sombras
sobre las que dancen los placeres del presente, y
prometo ser tus manos y tus brazos, llenaré los huecos
que oscurezcan tu mirada, seré la caries
de tus penas, las aplastaré con una felicidad nueva y profunda.

Sigo viendo tu mirada, relampaguean en
tus ojos los destellos de la ilusión naciente; el
ahora nos promete un mañana con más carne que hueso,
la sonrisa puebla tu cara risueña, pero lo que
sume a mi conciencia en un dolor creciente que ahora late
es ese silencio tan molesto, un tizón ardiente que golpea mi alma,
la sospecha más infame, una pena tan fecunda...

¿Por qué cuando tanto entrego, me ves aquí (criatura perdida),
aun quebrando mi semblante con tan cruda exposición, en
lo alto de este prado, asomando a esta agua tibia, tus
labios hablan tan bajo que tus palabras, esquivas, no son sino las huellas
de una voluntad que no sé afín a la mía, sin
aviso, sin verdad, como pidiendo una despedida?

¿Por qué no dices lo que piensas, ya
que tanto ves mis ojos, ya que
yo te soy sincero, desnudando no
mi cuerpo, que lo haría, sino lo que me
es más caro y más terrible, mi espíritu atormentado, esta soledad que escuchas
que tantas horas de tortura me cosió en las sandalias? Ahora dime,
amado hermano, amigo ingrato, amado frío, algo
que sacie mi sed de palabras, al
menos dos, valdría una, dame una al menos.

Si no soy más que uno más, insulta
mis brazos de mancebo, ataca mis
hombros de hombre sedentario, escapa a mis besos
de corcel herido, huye de todo lo que darte pueda, mas
concédeme una palabra, atiende mi llanto desesperado, dame
un monosílabo que recordar, un eco de esta dicha, uno
solo me es suficiente; te lo ruego, si no me hablas ¡muera antes!

Un silencio como este es un elefante que pisa,
una tras otra, todas las flores que mis
palabras por ti ha regado; soy un ave sin sus alas,
un amante sin respuesta, un adiós que no fue antes un hola; mas
no desisto tan rápido, porque aún sin alas mi valor vuela,
hallando que no vivirás más si no es conmigo.

Un ardor como el que ahora mis entrañas hiere
es mayor de lo que mis
padres me enseñaron a soportar; y pues estoy harto de que me intenten seducir con sus pechos
todas las damas que a mi paso hallo, (no con intención de verlas, mas
huyendo de su lujurioso tacto), que sepas que a su límite mi paciencia toca
al ver cómo ignoras mis
palabras... ingrato amante, amigo de mi alma... ¡he aquí mis senos!

Caigan las ropas que mi cuerpo cubren... a ti me ofrezco como aquel a quien patea
la ignominia del silencio que sucede a mi
confesión... He aquí mi joven vientre,
veo que me observas fijamente, y que al igual que yo te desnudas... ¡Seamos
uno, amémonos por siempre, al fin reaccionas! He aquí, tú y yo, ¡amantes!

Cae al agua el apuesto joven, di
si crees que el castigo no fue suficiente... ¿que
se lo buscó él primero? Nada impide a que el amor un
buen día triunfe entre jóvenes; mas... ¿en qué día
se podría consentir, hermosa Eco, que el amor atase a un vivo a quien no diría de sí mismo "existí"?
Un castigo como el suyo es parecido al tuyo, hermosa ninfa, algo tan cercano 
como ver en su reflejo amor y al tiempo un enemigo.

13/02/2012 21:58 davidov3 #. Mis escritos Hay 2 comentarios.

La amistad

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Amistad.

 

Es difícil definirte,

es arriesgado aspirar a cercarte con palabras,

delimitar tu extensión,

sombrear tu perfil y decidir dónde terminas y dónde comienza lo otro,

lo que tú no eres.

 

Torpes letras,

complejísima emoción...

 

No intentaré diseccionar tu cuerpo con el bisturí del diccionario,

no me atreveré a bautizar a nada con tu nombre,

pero permíteme 

(permítemelo)

poner algún ejemplo de lo que claramente eres.

 

Esto eres,

tú, que te disfrazas con mil caretas y sonríes a los viandantes,

tú, que aprietas el pecho con súbito entusiasmo

en momentos muy intensos,

secuestrando alguna que otra lágrima,

humillando la mejilla,

moqueando a escondidas,

enmudeciendo la conversación,

estrangulando sin corbata

o empapando en llanto inconsolable las preguntas más absurdas

y dolorosas,

los terribles porqués de esta existencia humana,

que a veces, no obstante, llega a ser tan maravillosa.

 

Cómo plantearse en términos verbales

la existencia de algo que nos es tan íntimo,

tan propio,

tan necesario,

como tú,

Amistad.

 

Una fuerza que nos hace mover montañas,

subir a un ascensor muerto de miedo,

beber una copa de menos

o tres de más,

una energía que arrastra nuestras vísceras por el suelo mal empedrado

de esta vida,

y nos llena de cristales y metralla el vientre.

 

Esa inmensa ola de energía que tú eres,

amistad,

es capaz de colgar de las aspas de un ventilador

los intestinos de lo racional,

llenando las paredes de preguntas

y respuestas

y quizases,

remoloneando en el cómodo sofá de la procrastinación.

 

Tú, que desconoces el sabor de lo sencillo,

que ignoras totalmente cómo se siente entre las sábanas de la rutina,

que desprecias profundamente la convencionalidad 

y la atacas desde sus raíces más rabiosas,

eres en verdad todo aquello que podemos necesitar 

para burlar a la muerte

y justificar nuestra existencia:

si de algo se puede arrepentir un moribundo

es de no haber sabido tener ningún amigo de verdad, 

porque cuando se llega a esa terrorífica revelación

no queda salvación

ni extrema unción

ni nada.

Se va uno de la nada a la nada.

 

En mi mente,

al hilo de estas ideas,

una fotografía que no podría recordar sin emocionada voz,

un ejemplo gráfico de lo que realmente es la amistad:

un grupo de hombretones disfrazados de esquimal

deteniendo el tráfico a las cuatro y pico de la tarde

en una concurrida avenida,

a la puerta de tu casa,

y tú asomado a la ventana junto a Avelina

observándonos a todos ahí abajo,

contigo, tan cerca realmente,

con una carroza con forma de iglú

y pancartas recordando que aún estás

(y estarás aquí antes de lo que piensas, amigo)

con nosotros.

 

Porque aunque quizá te falten las fuerzas

para tirar de la carroza,

y aunque tu voz apenas asome por el filo de tu mentón,

y aunque aquel desagradable percance te haya sumido 

en cierta insoportable desesperación,

eres tan fuerte, 

tan grande,

tan importante para todos nosotros,

que realmente ningún otro pasó tanto tiempo en ese iglú

como tú,

ni en nuestras mentes,

Juan,

tú, que eres un amigo tan entrañable,

tú, que con tu humor sagaz siempre alegras la vida de todos,

tú, que llevas mejor que nadie las cuentas

y pagas por adelantado, con generosidad,

tú, que aunque no desfilaras con nosotros

fuiste nombrado, visto, recordado

por todo aquel que viera nuestro iglú.

 

Amistad,

palabra ambiciosa e ineficiente al mismo tiempo,

idea tan humana que no hay dos que la vean igual,

Entroido,

o el tiempo que cabe en un beso,

o los besos que no se han dado aún por falta de tiempo,

o los dados de hielo que besan el vaso

que beso antes y después de cada nuevo beso.

 

Somos tiempo,

si olvidamos lo que somos

dejamos de ser,

si olvidamos a quienes son tanto para nosotros

perdemos algo esencial en nuestra vida...

Y aunque en el Entroido las máscaras asfalten rostros,

bajo cada careta debe haber,

siempre,

una voz que nombre a alguien,

unos ojos que nunca dejen de verse

y una boca que desee.

 

Somos deseo,

somos tiempo,

te necesitamos,

Amistad.

 

(poema dedicado con especial afecto a Juan, para que se mejore y pronto vuelva con nosotros; también se lo dedico a Avelina, mujer luchadora como ninguna, y a todos los amigos de la carroza del Puti-glu, que tanto nos divertimos a la vez que homenajeábamos a nuestro amigo; ¡que viva el Entroido!)

23/02/2012 12:45 davidov3 #. Mis escritos No hay comentarios. Comentar.

El concierto de Nach: catarsis colectiva

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El pasado viernes 24 de febrero compartí con Isabel, Antonia, Marita, Elisa, Javi y un grupo de cinco alumnas del instituto una experiencia musical fascinante en el Auditorio de Ourense.
Nach, acompañado de ZPU, ABRAM y DJ Joaking, nos puso a todos a mil con sus letras, con su energía, con su humanidad y con su puesta en escena. Debo agradecer a Dani Rap Solo, antiguo alumno mío, el que nos hubiera alertado de tan importante concierto. ¡¡Muchas gracias por avisar, Dani!!
Fue absolutamente increíble observar el modo en que tantos y tantos fans cantaban con ellos sus complejísimas letras, llenas de juegos de palabras, con un léxico muy difícil, con giros casi gongorinos en algún momento. Palabras que caían en cascada y que te sacudían por dentro, que te hacían vibrar, te tocaban la fibra o te hacían reír. Intervenciones que daban mucho juego a la hora de enlazar un tema con otro, y sorpresas, muchas sorpresas (no las desvelaré aquí por si alguien toma la inteligente decisión de ir a verlos).
Si ya en CD te deja boquiabierto, en directo no hay palabras...
La energía que amasa allí, con todo el público deseoso de escuchar más y más, con todo ese buen feeling, esa empatía, esa hermandad... es una pasada: te arrastra, te hace sentir parte de un todo, por así decirlo actúa como un bálsamo que te hace sentir que ningún ser humano está realmente solo en el mundo.
Cuenta cosas que a todos nos podrían haber ocurrido. Transforma en palabras hermosas lo que todos llevamos dentro en algún momento, y nos hace sentir comprendidos con su poética fulminante, sin perdonar, sin hacer concesiones, atacando a todo cuanto le disgusta, comprendiendo el malestar que caracteriza a los jóvenes y salvando la distancia que a veces los separa del mundo de los adultos.
Nach se propone a sí mismo como mucho más que un redentor: es un mensajero que comprende el dolor de los menos favorecidos, que ejemplifica con sus propias experiencias los pasos que hay que dar para abandonar el fango de la autocompasión y llegar a pisar la cumbre de la autonomía personal.
Regala con cada verso una nueva oportunidad: una oportunidad para los jóvenes que aspiran a la belleza, al amor, a la comprensión, a llegar a ser algo; pero también es una oportunidad para los adultos que no son capaces de entender lo que pasa por las cabezas de sus hijos, de sus nietos, de sus hermanos pequeños...
Nach busca el hermanamiento universal que ya había perseguido Beethoven con su novena sinfonía, y para ello no escatima en figuras y metáforas, en crudas realidades, en hechos que tienen un olor a ciudad, un sabor a callejón y espray...
Él escapa del absurdo victimismo con el que otros forran sus CDs, comerciales o no. Él ofrece una autenticidad que ante todo es una declaración de principios, que ante todo es una búsqueda de la belleza formal al servicio de la crítica social y la redención del alma.
En ese fantástico concierto pudimos bailar al son de sus ritmos, cantar sus letras y verlo parir una y otra vez el dragón que lleva dentro, ese dragón que todos debemos llevar dentro.
Responde perfectamente al concepto griego de catarsis: la purificación del alma que experimenta el espectador en el teatro cuando asiste a una tragedia griega, y vive lo que le sucede al protagonista como si le pasase a él mismo.
El hip hop es en parte eso, una búsqueda de vínculos entre el que tiene el micro y el que no se quita los cascos, una búsqueda frenética de alguien que diga lo que a ti te pasa, y que lo haga con esas palabras tan maravillosas que da gusto repetir.
Nach está difundiendo el gusto por la lectura, un nuevo formato de lectura eso sí, pero lectura al fin y al cabo. Nuestros adolescentes están apreciando la belleza de la palabra, están asimilando la fuerza que transmite la palabra escrita, y gracias a eso los antiguos oficios de aedo, rapsoda, juglar y trovador están manteniendo una vigencia renovada, con nuevos ropajes y rompedores códigos expresivos, pero al fin y al cabo no deja de ser la antigua mousiké (unión indisoluble de música y literatura).
Cliqueando aquí accederéis a un artículo del Club de lectura en el que hay fotos de este evento.
¡¡Gracias por tu talento, Nach!!
Y a vosotros, alumnos que tantas veces nos dais auténticas lecciones, mil gracias por haber sabido estar y por habernos transmitido esa pasión por la música.

 

27/02/2012 12:16 davidov3 #. Música Hay 2 comentarios.

La dama de hierro, una película que -SIN mentir- NO dice la verdad

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Meryl Streep acaba de ganar su merecidísimo tercer Óscar gracias a su interpretación de Margareth Thatcher en la película La dama de hierro.

Debo decir que no me gustó nada (NADA) el enfoque que se da en este film de la tiránica gobernante: en primer lugar, se nos ofrece una acuarela de su vida en la que se omiten datos escalofriantes (vamos, todo lo que tiene que ver con sus polémicas decisiones, sus ataques continuos a la clase trabajadora y sus abusos de poder) y se centran muchísimo en la dolorosa vejez de una mujer desmemoriada que vive más en el pasado que en el presente.

Se busca la complicidad del espectador haciéndole sentir pena por una enferma que huye de los excesivos cuidados de sus hijos, y se la pinta como una luchadora con carácter.

Se recurre también al palo del feminismo, dejando ver que ella solita fue capaz de imponerse a un gobierno patriarcal en el que ninguna mujer tenía derecho a opinar, y se le da un matiz casi heroico cuando logra ganar las elecciones.

No se abandona por ello el factor social: mediante sus orígenes humildes se busca la complicidad del gran público, haciendo ver el desprecio que tuvo que aguantar en su ascenso al poder, salvando baches como los prejuicios de clase.

Quizá haya que reconocerle los méritos de haber hecho una carrera prestigiosa contra corriente y de haber alcanzado la cumbre del poder contra el machismo y la jerarquización social. Quizá.

Pero no podemos olvidar todo lo que hizo, no la podemos mostrar como una Juana de Arco que libra una batalla por sus ideales a pesar de los inconvenientes, y omitir las masacres que llevó a cabo, los abusos contra la clase obrera, su posición de extrema derecha.

Eso no es justo.

Eso es faltar a la verdad.

Esta mujer fue una auténtica tirana, una déspota que pisoteó los derechos de un país y que no tuvo en cuenta las necesidades de su pueblo, sino las de su partido.

No es de recibo que se haga ver la guerra de las Malvinas como un drama nacional cuando ellos tenían clarísimo que iban a ganar sin problemas. No es justo.

Uno termina de ver la película y, si no está al tanto de cuatro datos históricos, llega a plantearse le por qué de su mote.

Total, si sólo es una pobre ancianita que ya no recuerda nada, con lo luchadora que fue...

Estamos derrapando hacia la derecha de un modo alarmante.

Hay que redirigir el rumbo, o si no no sé adónde llegaremos.

Una mala película, un mal documental, un falseamiento de historias manejando cuatro datos reales y dando un enfoque victimista que a más de uno (supongo) lo habrá indignado.

De todas formas, repito, es un Óscar magistralmente ganado.

Enhorabuena, Meryl Streep.

27/02/2012 12:29 davidov3 #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

La huelga de los alumnos, un derecho continuamente en tela de juicio

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Estoy cansado de escuchar tonterías siempre que hay huelgas.

Cuando las organiza algún colectivo asalariado, como la jornada de huelga implica una pérdida económica "supuestamente" equivalente a la jornada no trabajada (ya se sabe que siempre te quitan más de lo que te pagarían), nadie se cuestiona su legitimidad, aunque siempre surjan comentarios "ingeniosos" al respecto.

Ya se sabe, lo típico: entre los que la secundan, las críticas hacia los compañeros que no se mojan, pero que se verán igualmente beneficiados si la protesta lleva a alguna parte. Entre los que no la secundan, las críticas hacia esos "irresponsables" que aprovechan la mínima ocasión para hacer uso del que debería ser el último recurso del trabajador.

En la profesión de la enseñanza, las huelgas han sido siempre un arma muy manejada ante las injusticias que la administración o la sociedad o el gobierno fueron cometiendo.

Los profesores, ya de por sí mal considerados en esta sociedad enferma que rápidamente olvida lo que hay detrás de una plaza pero que nunca deja de recordar y emular los méritos de tanto famosillo de mierda, siempre hemos recibido críticas por parte de los padres cuando la huelga entraba en juego.

Unos padres que en la mayoría de las ocasiones sólo pensaban en "¿qué hago ahora con el niño?", porque para muchos padres los centros de enseñanza no son lugares donde sus hijos recibirán una formación que complementa a la que ellos dan a sus hijos, sino vertederos donde retenerlos el máximo tiempo posible y donde transformar lo que en ocasiones ellos nos dejan en niños diez. Y repito lo que digo, "muchos" padres, no todos. Afortunadamente.

Un profesor que se pone de huelga muchas veces se ve como un jetas que ya está otra mañana rascándose los mismísimos en lugar de ir a trabajar.

Y entre los profes, divisiones de opinión sobre las huelgas, claro: por un lado, los que nos comprometemos y arrimamos el hombro siempre que podemos. En segundo lugar, igualmente respetables que los primeros, los que NO simpatizan con la causa de la huelga y por tanto van a trabajar.

En tercer lugar, y aquí me llevan los demonios, los que quieren quedar bien con todo el mundo y quedan mal: esos que se quieren beneficiar del sudor ajeno sin renunciar a nada. Y aquí hay muchos tipos: el típico remolón que siempre se entera tarde (qué casualidad), pero al que "le hubiera encantado" manifestarse; el rancio que está hasta las narices de tanta manipulación del alumnado por parte de "esos sindicalistas" que no hacen más que engañar; el típico jetas que piensa lo mismo que los huelguistas pero no mueve un dedo, entre otros argumentos porque "ya hice mucho en su momento y ahora os toca a los jóvenes"; el que es aún peor que ese jetas, y que viene siendo el profe pseudo-progre joven que simpatiza con la causa pero no quiere renunciar a nada, y entonces alimenta conversaciones de cafetería pro-huelga pero el día de autos viene al curro; etc.

Unos y otros tienen argumentos de todo tipo para conciliar el sueño: los que secundamos la huelga, pensamos a menudo de nosotros mismos que actuamos en conciencia y que asumimos un cometido que trasciende a nuestra persona (nuestros ideales). Miramos con cierto condescendencia paternal a los acomodaticios que tragan todo lo que les cae encima y miramos con justificado enojo a los sin-cojones que piensan como nosotros pero no mueven ficha.

Los que no simpatizan con la huelga, siguen cumpliendo su deber. Y en esta palabra apoyan todo el peso de su reflexión: los huelguistas "son" poco profesionales, son unos vagos, si renuncian a ese dinero seguro que es porque pueden permitírselo, etc.

Los del tercer grupo, sinceramente, no sé en qué coño pensarán. Quizá no lo hagan y punto. O quizá no duerman tan bien como parece. 

Pero, insisto, todo esto tiene que ver con el mundo laboral. Gente que cobra por trabajar y que un día decide incumplir su horario y renunciar a una parte de sus honorarios.

Hasta aquí, nada nuevo.

La reflexión que hoy arrojo en este muro de lamentaciones que es mi blog apunta hacia el otro lado del pupitre: los alumnos.

Cuando fui alumno secundé casi todas las huelgas que se cruzaron en mi camino, y puedo asegurar que hubo muchas, tanto en el instituto como en la universidad.

También es cierto que en una ocasión (una, que yo recuerde) no me uní a la causa porque no estaba de acuerdo con ella.

El principal argumento que utilizan los piquetes para amedrentar a los indecisos o a los no simpatizantes con la causa es la acusación de peloteo: "seguro que no te apuntas para hacerle la pelota a tal o cual profesor". Probablemente sea así en bastantes casos, pero creo firmemente en la capacidad de disidencia ideológica, se tenga la edad que se tenga, y me parecería injusto anular de pleno la que podría ser una cojonuda contraargumentación por dar por sentada una hipótesis basada en prejuicios.

El argumento que utilizan los antihuelguistas se basa en una falacia: es cierto que la mayoría de los alumnos NO sabe la letra pequeña de ninguna huelga, muy pocos sabrían explicar en más de 30 segundos las circunstancias que provocaron una movilización. Con perder clase ya está. Pero siempre, SIEMPRE, hay alumnos que saben lo que hay detrás, aunque sean 2 de cada 25, me da igual, y sus voces no pueden ser silenciadas con el paternalismo claustrofóbico (casi franquista si me dejo ir) de quien no toma en serio las motivaciones de una huelga. La falacia consiste en convertir en ley lo que no es sino un hecho repetido muchas veces, y si es verdad que muchos alumnos van a la huelga para perder clase, no les faltan razones DE PESO para sumarse a la protesta.

Puede que sean alumnos, chavales de quince años de promedio de edad, pero NO son gilipollas, no son marionetas, no son personas a las que tengas que dictar lo que deben pensar o lo que deben hacer.

Aunque no sean trabajadores en el sentido estricto del término (no están cobrando un dinero por asistir a unas clases), sí están haciendo un ejercicio de renuncia en señal de protesta: renuncian a aprender, a asistir a unas clases a las que tienen derecho, y van a perder todo un día de clases para demostrar su enfado con este gobierno fascista.

Estamos aquí para enseñarles nuestras materias, sí, pero también para ayudarles a desarrollar un sentido crítico, una capacidad que a nosotros NO nos enseñaron a entrenar cuando teníamos su edad.

Y eso pasa por encima de la ideología que cada uno de nosotros tenga.

Yo me considero una persona progresista, de izquierdas, que creo en la igualdad innata del ser humano, y no acepto que quien tenga el poder lo utilice para cercenar el espíritu crítico. Mis alumnos nunca me han oído pronunciarme en clase sobre temas políticos, ya que no considero que sea el escenario más adecuado para ello. Pero ellos ven, entienden, y creo que a partir de la cuarta clase saben de qué pie cojeamos cada uno. Eso NO es malo, porque somos personas. Y cuando algún alumno de derechas ha dado su opinión sobre algún tema que salía al hilo de la clase, yo siempre le he dejado hablar, he dejado que otros compañeros interviniesen, y si se me ha preguntado algo me he pronunciado. Eso también es educar. (Pongo como ejemplo el tema de la emigración y las influencias de la música africana en la música pop española, tema ante el que siempre surgen comentarios racistas y comentarios pro-mestizaje; es bueno que debatan, que piensen en voz alta y se equivoquen y busquen el camino).

Está claro que NO todas las opiniones son igualmente válidas. No. Ninguna ideología que pise los derechos humanos tiene cabida en nuestra sociedad.

Pero si los individuos de un grupo con menos experiencia, como es en este caso el de los alumnos, utiliza un recurso que tiene a su disposición el trabajador (por ahora aún se tiene, aunque el PP se encargará - ya lo han avisado - de revisarlo... hay que joderse), debemos RESPETAR ese derecho que están ejerciendo.

No podemos utilizar nuestras armas de profesor para obligarles a venir a clase el día de huelga.

A ver, una cosa es que yo haya puesto un examen para un día X desde hace tiempo, y luego surja la convocatoria de huelga. Ahí, ya se sabe, prevalece la fecha del examen. Siempre fue así y creo justo que siga siendo así, porque si no estaríamos perjudicando a los que no simpatizaran con la huelga y vieran modificada una fecha oficial.

Otra cosa MUY diferente es poner el examen ese día, después de saber que había una huelga. Ahí estamos coartando la libertad de nuestros alumnos de ejercer su derecho a la huelga. Ahí estamos boicoteando su intervención. ¡¿Qué clase de educadores somos?!

Ni podemos premiar a quienes NO hagan huelga, ni podemos castigar a quienes sí la hagan.

De por sí, el concepto de huelga implica una pérdida. Si los alumnos faltan a clase, ya están perdiendo seis horas de clase a las que tenían derecho. Si te faltan todos, puedes considerar que la clase de ese día está dada. Allá tú. Pero no los machaques por ello.

Si van a una manifestación o se quedan en casa a jugar al ordenador en casa, eso es cosa de ellos, no tuya.

No podemos ser más papistas que el Papa, no podemos aleccionar con la vara de mimbre, no podemos pisotear sus derechos. De ningún modo.

La enseñanza pública está en peligro, y si alguien me cree alarmista, tiempo al tiempo.

Del mismo modo que yo no los incito a que hagan huelga, no les pises la cabeza tú por hacerlo. No eres nadie para juzgar la legitimidad de su decisión. Estamos en democracia, y "su" opinión (al igual que "su" voto, en el caso de aquellos que ya puedan hacerlo) vale exactamente lo mismo que el tuyo. Igual. Aunque tripliques su edad. Da lo mismo.

Respetemos a nuestros alumnos, ayudémosles a pensar por sí mismos, no seamos pequeños dictadores de pacotilla.

¡¡A estas alturas!!



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